Mates con Ama nda
- Vos tenés algo que decirme, no?
- No, nada en especial, sólo charlar un rato, solas, ya que anoche éramos varias.
- Justamente (la miro fijo), vos no querés decirme nada sobre anoche?
- ¿Te gusta Renata? me descargó.
- No lo sé, le dije mordiendo una bola de fraile.
- Vamos, Elvira, a quién querés engañar?
- ¿Yo? a nadie. Es que no lo sé. El nombre no me gusta, pero ella no está mal, y tampoco lo que hace. Pero no sé.
- Ayer, antes de que llegaras me estuvo tirando la lengua.
-?¿?¿?¿?¿?
- Sí. Me preguntó qué te gustaba, tipo hobbies o esas cosas, y si estabas saliendo con alguien.
- ¿Y vos qué le dijiste? pronuncié casi tartamudeando.
- La verdad, que estás sola (hasta donde sé), y que te gusta la literatura, el cine, que sos casera.
- ¿Qué? Todo eso! Vos estás loca.
- Por lo que sé la piba es, es …
- ¿Torta?
- Ay sí, qué forma tenés de decir las cosas. A Sara nunca le digas así!, sonó a reto amoros.
- Ella es la torta mayor y me gana! Y qué se supone que tengo que hacer yo?
- No sé, vos ya sos grande, pero no quería dejar de decírtelo. Es que estás tan sola, tan sin rumbo… No sé.
- Gracias querida amiga, yo puedo sola, y además este tiempo de soledad me vino bien.
- Yo creo que te piensa decir algo. Qué sé yo, y si metí la pata, disculpame.
- No, eso no tiene perdón de ninguna diosa Mandy, de ninguna.
Comiendo con amigas

Cené en lo de Renata. Cené allí, pero no sola. Éramos de la partida Ana María, la profesa de títeres y directora de la obra de teatro, Bárbara (que parece que está saliendo con ella, pero se niega a decirlo, y ambas a demostrarlo), Amanda, y una amiga de Renata, Claudia.
Cocinó Renata: filetes de muslo de pollo al whiskey. Una cosa riquísima. Nunca lo había comido, y me perdí el proceso de cocción ya que no podía zafar de mi laburo.
La cena estuvo muy buena, tranquila, hasta que a los postres, a las más jóvenes se les ocurrió la idea de jugar a dígalo con mímica, ¿se acuerdan de ese juego? Aquí al menos fue muy popular (me refiero a mi país). Las mayores nos miramos con recelo, pero finalmente dijimos que sí. Por alguna cuestión del azar yo quedé en el grupo de Claudia y Renata. Jugamos con títulos de películas, de libros y de canciones. Yo debo reconocer que este juego me gusta, y que si lo juego con personas con las que me siento cómoda, todo está bien.
Me fui sintiendo cómoda hasta que empecé a sentirme algo excitada. Loco ¿no? Es que las chicas, para darme las claves se acercaban mucho a mí, y Renata por poco me besaba la oreja para decirme, por ejemplo, “En busca del tiempo perdido”. Proust se hubiese dado una fiesta con esta escena, y creo que hubiese estado celoso, si alguna de ellas era Albertine.
La rica comida, el calor de la salamandra, el vinito, el acaloramiento del movimiento lúdico fue dando paso a cierta humedad que al menos hacía dos meses que no percibía en mi cuerpo al estar cerca de otra persona. Y eso me puso en alerta, además de tensarme toda la parte baja de mi cuerpo.
Decidí volverme temprano (ya eran las dos de la mañana) y esas mujeres (todas ) querían seguir jugando. No sé si por compasiòn o simplemente amistad, Amanda también decidió irse y traerme a casa.
La ducha está lista, una linda camisa de cama también, pero no quería dejar de anotar esto mientras me dura esta sensación linda de vida.




